EL PEO DEL AGUA EN VENEZUELA. Breve Dossier de la Escasez de Agua Potable en la Venezuela de la Dictadura seca

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Por notimigrar 
24 de marzo de 2025  

Redacción NOTIMIGRAR 

22 de marzo de 2025

La escasez de agua potable en Venezuela: un análisis detallado
La crisis de agua potable en Venezuela es una situación alarmante. Según el Observatorio de Ecología Política de Venezuela, en 2022 solo el 27,2% de la población tenía acceso regular a este recurso esencial. Esta escasez está ligada a una dependencia crítica de los sistemas eléctricos, que son necesarios para bombear y gestionar el agua. Sin embargo, el deterioro del fluido eléctrico en el país complica aún más el problema, afectando no solo la disponibilidad del recurso, sino también la vida cotidiana de millones de personas. Esto genera una carga de estrés psicológico que impacta el bienestar general, la salud, la higiene, el trabajo y hasta las relaciones sociales, al vivir con la angustia constante de cómo conseguir agua cada día.

Causas de la crisis
Entre las principales razones de esta situación están el abandono de la infraestructura hídrica y los problemas en la distribución. Hay una falta evidente de mantenimiento en tuberías, estaciones de bombeo y sistemas de tratamiento, junto con obras de reparación que quedan incompletas. A esto se suman los frecuentes cortes eléctricos, que paralizan el funcionamiento de las bombas. También se señala una gestión gubernamental controvertida, con críticas al régimen actual por su manejo del problema, y ​​una cultura de uso inadecuado del agua por parte de la población. Según un informe de iAgua (2023), en 2022 la distribución de agua disminuyó un 60%, afectando a 12,4 millones de personas, muchas de las cuales pasan semanas o meses sin acceso.
Impactos en la población
Las consecuencias son graves y variadas. En términos de salud, la escasez ha provocado un aumento de enfermedades como diarrea y hepatitis A, especialmente entre los niños, debido a la mala calidad del agua. Hasta el 60% de los encuestados reportan problemas de color, olor o sabor, lo que indica riesgos significativos para la seguridad hídrica. Económicamente, los ciudadanos enfrentan gastos altos: entre 15 y 75 dólares semanales en camiones cisterna o agua embotellada, según Cedice Libertad (2024). Socialmente, recolectar agua se ha convertido en una tarea que consume tiempo —hasta 9,5 horas por semana en algunos casos—, afectando la educación de los niños y la productividad de los adultos.
Respuesta del régimen 
El régimen ha intentado responder con medidas como el racionamiento oficial, implementado desde 2014 bajo el llamado "Plan de Suministro", y la compra de 1.000 camiones cisterna en 2019. Sin embargo, estas acciones han tenido un alcance limitado. La Ley Orgánica de 2001, que buscaba descentralizar el servicio de agua, no se ha cumplido, y el 80% de la población sigue dependiendo de HIDROVEN, la empresa estatal. Además, las tarifas del servicio, congeladas desde 2003, han perdido valor real, lo que dificulta la sostenibilidad de las empresas hidrológicas, según datos de Wikipedia.
Ayuda internacional
La cooperación externa ha sido clave. En 2022, UNICEF benefició a 166.718 niños en 12 estados, proporcionando agua segura en escuelas y centros médicos. Uno de sus proyectos destacados es la instalación de una planta de tratamiento solar en una comunidad indígena, que sirve a 15.000 personas. Además, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina han aportado financiamiento, como un préstamo de 50 millones de dólares en 2010 para reemplazar tuberías, mostrando un esfuerzo por mejorar la infraestructura.
Situación actual
En regiones específicas, el acceso al agua es extremadamente limitado. En Libertador, por ejemplo, el suministro promedio es de 58 horas por semana, mientras que en barrios como Santa Rosalía se han registrado interrupciones de hasta 1.556 días (4 años), según Cedice Libertad (2024). El 76% de la población recurre a fuentes alternativas, como ríos o manantiales, muchas de las cuales son inseguras. Además, el 74% reporta contaminación en el agua, con más de la mitad señalando presencia de residuos sólidos o químicos (iAgua, 2023).
Perspectiva futura
El futuro del acceso al agua en Venezuela depende de varios factores. La estabilidad política y una gobernanza efectiva serán fundamentales para resolver la crisis. También se necesita apoyo internacional sostenido. Según Think Hazard, hay un riesgo medio de escasez, con un 20% de probabilidad de sequías en los próximos 10 años, agravado por el cambio climático. Para avanzar, es crucial realizar una evaluación temprana de las brechas financieras y energéticas, como sugiere CSIS, y desarrollar programas a largo plazo que mitiguen los impactos futuros.

Algunas fuentes 

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