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Deportaciones masivas · Crisis humanitaria

Las mascotas que nadie reclamó: el rastro silencioso de las deportaciones

Perros, gatos, conejos y hasta gallinas han quedado solos en casas vacías a medida que las redadas migratorias de la administración Trump se intensifican en todo Estados Unidos. Los refugios de animales están al límite.

Redacción NotiMigrar | 2 de abril de 2026 | Quito, Ecuador
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Nueva Orleans, febrero de 2026 · The New York Times
Perros callejeros en Nueva Orleans Este, captados en febrero de 2026 por voluntarios que realizaban un censo de animales abandonados tras operativos migratorios. Foto: The New York Times

Heinz es una mezcla de shih tzu y caniche, color caramelo, descrito como «tierno, feliz y enérgico». Su perfil en el sitio web de Rolling River Rescue, una organización sin fines de lucro de Nueva Orleans, incluía una advertencia: el cachorro no se había escapado ni fue abandonado por dueños que ya no lo quisieran. Heinz «perdió a su familia», como consecuencia directa de los «recientes acontecimientos en Nueva Orleans». Una manera de decir, sin decirlo, que sus dueños fueron deportados.

La historia de Heinz se repite, en distintas ciudades y con distintos nombres, a lo largo y ancho de Estados Unidos. Es la otra cara de la campaña de deportaciones masivas impulsada por el presidente Donald Trump: animales de compañía que quedan solos en casas vacías, en patios silenciosos, o deambulando por barrios donde antes tenían una familia.

Los números del abandono

+38%
Incremento de perros y gatos vagabundos en St. Paul, Minnesota (enero 2026 vs. enero 2025), coincidiendo con la Operación Metro Surge en las Ciudades Gemelas.
×2
El grupo The Bond Between Us (Minnesota) recibió casi el doble de animales a principios de 2026 respecto al mismo período del año anterior.
+19
Perros y gatos de dueños deportados recibidos solo en el refugio Adopt and Save a Life Rescue Mission, en Miami Oeste, en los últimos meses.
324K
Migrantes deportados en los primeros 200 días de la administración Trump, según cifras de organizaciones de derechos de inmigrantes.

Redadas sin protocolo, animales sin dueño

Los operativos migratorios federales se han extendido desde Nueva Orleans y Chicago hasta Los Ángeles y Minneapolis, pasando por comunidades rurales desde Hawái hasta Maine. Cuando los agentes llegan, no hay tiempo para despedidas. Tampoco para dejar instrucciones sobre qué hacer con un perro o un gato. En muchos casos, los detenidos son trasladados directamente a centros de reclusión, y de allí deportados, sin que nadie en el vecindario sepa lo que ocurrió hasta que el animal lleva días sin comer.

En Nueva Orleans, voluntarios que realizaban un censo de animales domésticos abandonados encontraron a una perra que acababa de tener cachorros en el patio de la casa donde vivía con su familia. Dos de las crías permanecían escondidas en un agujero bajo la vivienda. Los otros dos murieron congelados durante una ola de frío. Nadie había regresado por ellos.

Lo que muchos estadounidenses no saben es que hay animales de compañía abandonados por familias que desaparecieron de la noche a la mañana.

— Maria Thomas, presidenta de Rolling River Rescue, Nueva Orleans

Refugios al límite: de Miami a Dallas

En el oeste de Miami, el refugio Adopt and Save a Life Rescue Mission ha tenido que recondicionar un establo y tres casas rodantes para alojar a los animales que llegan. Su directora, Daymi Blain, describe un antes y un después: antes era el abandono cotidiano —desalojos, mudanzas, dueños que no podían seguir cuidando a sus mascotas—; ahora son llamadas de un tipo diferente: «mis padres se fueron, los deportaron, están detenidos».

El gasto mensual de electricidad del refugio supera los 1.200 dólares. Tienen más de 50 perros y 30 gatos en sus instalaciones, y decenas más en camino. «Son reportes todos los días, todos los días, miles de llamadas. Ya ni las contesto porque no los puedo recibir», relata Blain.

El problema no es exclusivo de Florida. En Dallas, el refugio Saving Hope Rescue publicó en Facebook un llamado urgente: un hombre a punto de ser deportado debía dejar su hogar al día siguiente, y su mayor preocupación era qué pasaría con sus perros. Casos similares se documentan en Texas, Nueva York, Nueva Jersey, Tennessee y California.

La diáspora venezolana también está expuesta

Si bien la cobertura mediática se ha concentrado en comunidades mexicanas y centroamericanas, los venezolanos con estatus migratorio incierto —especialmente quienes ingresaron con el parole humanitario que la administración Trump comenzó a revocar— no están exentos de este drama. Cientos de miles de venezolanos residen en estados como Florida, Texas y Nueva York, donde los operativos han sido más intensos. Para ellos, como para cualquier familia migrante, la mascota no es un objeto: es parte de la red afectiva que sostiene la vida en el exilio.

En California, la organización C.A.R.E.4Paws trabaja para lanzar un refugio especializado en mascotas de migrantes que afronten deportación, violencia u otras crisis. «Cuando las personas atraviesan estos increíblemente difíciles momentos, la última cosa de la que deberían preocuparse es qué pasará con sus amadas mascotas», declaró la cofundadora Isabel Gullö. En algunos casos documentados, redes comunitarias han logrado algo inusual: reencuentros binacionales, mascotas que cruzan la frontera para volver con sus dueños deportados.

Una omisión que revela una lógica

No existen protocolos gubernamentales para el resguardo de animales domésticos en casos de detención migratoria. Ninguna agencia federal contempla ese escenario. Para las organizaciones animalistas, esa omisión no es accidental: refleja una lógica que trata la vida del migrante —y todo lo que la compone— como prescindible. Los refugios, saturados desde antes de que comenzaran las deportaciones masivas, absorben ahora una carga adicional sin presupuesto ni espacio suficiente.

«Ya trabajábamos con mucho déficit porque hay muchas mascotas necesitadas todo el tiempo», dijo Maria Thomas de Rolling River. «Ahora tenemos el reto adicional de los animales que necesitan ser realojados cuando sus dueños son deportados o se autodeportan».

Detrás de cada estadística de deportación hay una puerta que se cerró de golpe. A veces, del otro lado, queda esperando alguien que no entiende por qué nadie volvió.

Deportaciones Estados Unidos Diáspora venezolana Derechos del migrante Trump Nueva Orleans Florida
Fuentes: The New York Times (30 mar. 2026) · EFE / Infobae · El Diario del Noroeste · El Espectador · Observatorio de Política Migratoria y Derechos Humanos (COLEF) · Los Angeles Press.
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